Sobre el "pink" parental, la ventana de Overton y el demofascismo

Publicado el 1 de abril de 2025, 20:35

Por Jesús Trejo

[Tiempo estimado de lectura: 8 min.]

 

A principios de 2020, justo antes de que sufriéramos el mayor escándalo de privación de libertades jamás realizado (al menos desde los guettos judíos impuestos por la Alemania nazi) solo por interés político1, estuvo en el candelero de la opinión pública un debate sobre si los padres podrían elegir que sus hijos asistieran o no a programas auspiciados por la UNESCO sobre “diversidad” sexual, a impartir en los centros de enseñanza pública2. Esto permitió a su vez hablar de la ventana de Overton, que hace referencia a los discursos asumibles en la opinión pública: desde lo impensable y absurdo, que quedaría fuera del marco del debate, hasta lo sensato y plausible, que ocuparía el centro de la ventana. También sugiere las artimañas propagandísticas para influir en la sociedad, haciendo que lo aceptable dentro del marco (ventana) del debate político se pueda mover hacia extremos que antes no se admitían como debatibles. Por ejemplo, para poder incorporar una postura extremista y radical en el imaginario colectivo, lo que se suele hacer es proponer otra aún más radical, para que la primera resulte menos vehemente y por tanto más asumible. O sea, la clásica táctica del regateo en los bazares orientales.

 

Sin embargo, lo sustancial en esta propuesta es que admite que solo los cambios sociales son los que hacen mover la conciencia hacia espectros más marginales de la ventana, y que es la realidad social y no los discursos los que ponen cada propuesta en el punto de mira de la opinión pública.

 

A pesar que esta idea es de perogrullo, a los creativos becarios universitarios de la izquierda woke, encaramados en los escaños parlamentarios, autonómicos o municipales, les parece que son las palabras y las noticias las que pueden cambiar el sesgo de la conciencia ciudadana, y en concreto alertan del peligro de manipulación mental con que la ultraderecha pretende de nuevo atacar los avances de nuestra sociedad progresista , haciendo que la ventana se mueva hacia posturas más conservadoras, simplemente con discursos que ataquen el relato buenista e integrador. Estas mentes universitarias, recicladas en pequeños napoleones, se han acostumbrado a que sólo valen las palabras, porque como ya dijimos en otro artículo, dan por supuesto que todo es cultura y nada es realidad y que en este mundo feliz multicultural, feminizado y animalista que ellos han legislado gracias a altas dosis de imaginación disney (seguramente ayudados por algunas sustancias “openmindistas” y algunos consejos de altas esferas de la inteligencia estatal) todo se construye a base de decretazo.

 

Así, según esta versión, el maligno VOX ha impregnado de noticias escandalosas los medios de comunicación donde se hacen eco del choque de civilizaciones entre la población inmigrante y la autóctona, para con su impacto hacer que sea asumible dentro de la ventana del discurso político la posibilidad de revisar las políticas de inmigración; o cuando incorporan la imagen de fetos tirados a la basura, para poder hacer debatible la cuestionabilidad del derecho al aborto. etc. Poco importa que luego VOX matice que sólo está en contra de la inmigración ilegal, que representa el 2 % del fenómeno de desarraigo social migratorio masivo, y que igualmente solo se ensañe, al igual que su primo hermano PP, con la ley que faculta el aborto en menores sin el consentimiento paterno, que igualmente es una cifra despreciable. Para todo lo demás, VOX es el primo de zumosol de la democracia blandengue, que se solaza con el bienestarismo y la intervención del Estado sobre la sociedad toda, como hacen sus supuestos enemigos del otro lado de la platea parlamentaria.

 

Lo llamativo de estas lumbreras universitarias redentoras de la humanidad, es que su sociedad supuestamente beatífica que soportamos se ha construido gracias al propio uso de estas manipulaciones mentales que ellos mismos denuncian. El manoseado peligro de la sombra del fascismo ha servido siempre para hacer comulgar con ruedas de molino a los incautos votantes, para que acepten como liberadoras y apoyables actitudes que son liberticidas y retrógradas. La imposición de idearios morales en las escuelas es la más flagrante, sobre todo porque a edades tan tempranas el efecto puede ser más lesivo, dada la falta de criticismo cognitivo entre los niños. La demonización del entorno familiar, tanto con la LIVG, que ha convertido en sospechoso habitual a la pareja masculina, como con el estigma conservador que la palabra “familia” tiene en el ideario progresista, facilita que el verdadero fascismo campee por sus respetos en todo el panorama educativo, bajo el eufemismo de “lo público”.

 

Con ello llegamos al último punto, que recoge lo anterior. El fascismo es una ideología cuya expresión más acabada es la frase de su fundador, Mussolini: “Todo dentro del Estado, nada fuera del Estado, nada en contra del Estado”. Esta ideología se sostiene gracias a una idea de antropología negativa hobbesiana, según la cual, la naturaleza vil e interesada de los individuos debe ser dominada por la sabia dirección de unas elites paternalistas, que conocen lo mejor para el infantil e irracional pueblo y se lo suministran prudentemente, mientras que éste se limita a trabajar y a disfrutar de las pequeñas cosas.

 

No es cierto que la esencia del fascismo sea el uso coercitivo de la violencia, sino que el elemento fundamental es la persuasión ejercida desde arriba, con los instrumentos que el Estado despliega: educación pública, universidad, legislación, cultura subvencionada, ocio y deportes, intelectuales paniaguados e influencers.

 

Los defensores de lo público son los verdaderos defensores del fascismo porque sostienen de manera entusiasta el papel dirigente del Estado y de su bonhomía, con sus políticas garantistas y proteccionistas, sus servicios e infraestructuras, su política fiscal redistributiva, y su marco de “libertades”. Todo esto está en el imaginario del buen feligrés progresista, que, sin embargo, se le inyectan los ojos de sangre cuando oye hablar de milicias populares que ejecutarían las decisiones acordadas por asambleas populares, porque eso sería una dictadura de corte demofascista. . A los intelectuales bien avenidos con la tibieza de los despachos universitarios suelen caracterizarles una locuacidad que podríamos denominar “palabrarismo”, hacer malabares con las palabras, como hace el egregio profesor Esteban Vidal con el término “demofascismo” que usa para definir el ideario R.I. en relación con el tema migratorio, y de esta manera pueda ser aceptable, según la lógica de la ventana de Overton, el fascismo “difuso” del Estado bajo cuya protección él espera encontrar la impertubabilidad del sabio.

 

Ahora que los Estados europeos se van a quitar su amable careta con la nueva carrera armamentística y sus llamadas a filas por conscripción, es posible que las elites y sus acólitos encuentren, como ha pasado siempre en tiempos bélicos, una paz y sosiego en las altas montañas, como hacía Nietzsche en la Engadina neutral suiza, donde seguir pensando mientras se pasea por los imponentes paisajes níveos, con la presunción de un buen plato caliente a la vuelta, en un hotelito rural acogedor.

 

Pero para la gente común, de nuevo la decisión será si empuñar las armas para morir en defensa de las ambiciones imperialistas de elites propietarias, o de hacerlo para defender una sociedad estructurada horizontalmente, con todos los defectos de la democracia directa, sí, pero también con unas voluntades no prostituidas por el poder, la riqueza y la ambición, o al menos, con la posibilidad de contrarrestar esas tendencias en el seno de una comunidad con la vigilancia cotidiana de los cargos no profesionales con carácter anual. No negamos las pulsiones egoístas, pero tampoco condenamos al ser humano a vivir bajo unas instituciones que excusan su tiránico mando simplemente porque catalogan como imposible el autogobierno de los sometidos, además de llevarnos periódicamente a guerras genocidas de rapiña por el reparto del pastel.

 

Suele decirse que “cuando la pobreza entra por la puerta, el amor sale por la ventana”. Pues bien, cuando empiecen a entrar los recortes de la economía de guerra, esperemos que salga todo el idilio platónico hacia el sistema despótico estatocapitalista por la ventana de Overton, y lo imposible, la autogestión popular con asambleas omnisoberanas y milicia concejil, pueda por fin ser objeto de debate.

 

Jesús Trejo

 

1 “el confinamiento, de la obediencia al olvido” le monde diplomatique, marzo 2025, pg 20. En el artículo se recoge la gratuidad del confinamiento domiciliario como medida de control, y lo compara con las tasas de mortalidad de otros países donde no se recluyó a la población, mostrando que incluso fue más alta en aquellos estados que aplicaron de manera tiránica la prohibición de salir de casa.

 

2 https://ctxt.es/es/20200203/Firmas/30881/Gabriel-Mendez-Nicolas-ventana-de-overton-Abascal-opinion-publica-extrema-derecha.htm

 

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