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- El Movimiento por la Revolución Integral (RI) tiene como objetivo la transformación de la sociedad y del individuo. Como es integral, planteamos la necesidad de una revolución que abarque todos los aspectos de la vida, desde la política y la economía, hasta la ética, la convivencia y la cultura.
- La transformación de la sociedad no la debe dirigir una minoría de intelectuales o políticos; los cambios positivos nunca están promovidos por líderes redentores ni ejércitos salvadores. La revolución la hace el pueblo, con las acciones cotidianas de cada uno de sus integrantes, pero también con la creación de comunidades integrales revolucionarias unidas por lazos familiares o de amistad.
- La palabra «revolución» debe desprenderse de las connotaciones negativas de experiencias terribles como fueron las revoluciones francesa o bolchevique. Estos procesos fueron transformaciones sangrientas dirigidas por élites del poder que pretendían fortalecer las instituciones estatales, centralizar la producción económica y recortar las libertades. La RI se propone justo lo contrario.
- Nos inspira la revolución bagauda vascona altomedieval, proceso civilizatorio que aspiramos a repetir y mejorar.
- Rechazamos las utopías, porque sabemos que las sociedades, igual que las personas, son imperfectas y finitas, tienen contradicciones internas y, en ellas, los conflictos interpersonales son inevitables. La revolución es un esfuerzo sin fecha de llegada y de resultado incierto. No nos espera el paraíso: el camino es el fin.
- Hoy por hoy, el éxito inmediato de la revolución que hemos iniciado se antoja imposible, así que trabajamos desinteresadamente para plantar una semilla que germinará en el futuro. Sabemos que el modelo político y económico actual, por su lógica de destrucción del ser humano y de los recursos naturales, tiene contradicciones internas irresolubles que provocarán la insostenibilidad del sistema. Cuando esto ocurra, debemos estar preparados para construir una sociedad de la libertad.
- Como el ser humano actual está degradado por el trabajo asalariado, la falta de libertad que conduce a la irresponsabilidad, el consumo de tóxicos y un ideal de vida despreocupado basado en la ambición y el egoísmo, nos proponemos recuperar la idea de virtud personal, trabajar la fortaleza moral y promover la mejora continua de uno mismo. No puede haber una sociedad de calidad sin individuos de valía.
- Nuestro objetivo es crear una sociedad convivencial. Reaprender el arte de la convivencia, el de saber vivir compartiendo nuestra vida con otras personas. Para ello, abandonaremos la soledad, el egocentrismo y la guerra de todos contra todos.
- Somos seres bipartidos que podemos obrar virtuosamente o hacer daño a los demás. Así que somos libres cuando decidimos actuar de manera apropiada en cada una de nuestras decisiones vitales.
- La libertad individual está por encima de cualquier ideología, interés económico o mandato político. Reivindicamos la autoconstrucción del yo soberano que se hace a sí mismo como persona de provecho junto a sus iguales.
- La libertad debe ir acompañada de responsabilidad. Nunca podemos optar por la libertad sin límites o practicar una libertad ejercida contra los demás, sino que defendemos la libertad con el otro. No podemos ser adultos dependientes y caprichosos que se comportan como menores de edad y se postran ante las instituciones de poder.
- Por esa razón, nunca mendigamos derechos, regalos envenenados que los poderes otorgan y retiran conforme a su voluntad. Comprendemos que la defensa de la dignidad y las libertades exige un combate constante contra los individuos e instituciones que nos las pretenden arrebatar.
- Nos gusta marcarnos metas trascendentes, sublimes y grandiosas. Tenemos un ideal de vida épica, el de arriesgarnos por una causa noble y libremente escogida.
- Preferimos obrar por virtud cívica y no por interés individual. Tenemos voluntad de servicio y elegimos servir a ser servidos.
- Rechazamos la vida hedonista, basada en la búsqueda del placer y el consumo material, así como la infructuosa búsqueda de una abstracta felicidad basada en huir del dolor que nos provoca la vida. Estas filosofías nos convierten en seres débiles, enfermos y sumisos. No nos da miedo el trabajo ni el compromiso, tampoco enfrentarnos al poderoso.
- Nos basamos en la ética sodalicia, aquella que nos empuja a amar al prójimo y a combatir al poderoso.
- Porque nos inspira el cristianismo revolucionario, anterior a la creación de la Iglesia, de carácter asambleario, centrado en el amor al prójimo y el desprecio de la riqueza, enemigo del Estado, de la esclavitud y del patriarcado.
- Rechazamos la voluntad de poder, la de dominar o usar a los demás en nuestro provecho, y la sustituimos por la cosmovisión del amor, del amor que se demuestra con actos.
- El Estado no es un elemento neutro que, en función de quien lo gobierne, puede resultar benefactor. La voluntad de poder se realiza de manera organizada a través de las instituciones del Estado y de la gran empresa capitalista. Así que nuestras enemigas no son las otras personas, sino las instituciones de poder centralizado y los mecanismos coercitivos, tecnológicos e ideológicos de los que se sirven para asentar e incrementar su dominio. Nos proponemos construir una sociedad sin Estado y contra el Estado.
- El actual sistema parlamentario encubre una dictadura del ente estatal. Rechazamos a todos los partidos políticos y a cualquier ideología que aspire a alcanzar el poder. La verdadera democracia solo puede ser la democracia directa. Queremos autogobernarnos a través de asambleas soberanas organizadas en red y ordenadas de abajo hacia arriba.
- Para evitar la tiranía, los cargos públicos nombrados por el concejo, abierto a todos los vecinos y vecinas, los asumirán portavoces con mandato imperativo, temporal y rotativo, nunca remunerados, que jamás podrán alzarse como representantes del pueblo.
- Las normas que organizarán la sociedad estarán elaboradas por la gente, no por expertos. Nos regiremos por las disposiciones acordadas en asamblea, es decir, mediante el derecho consuetudinario, conformado por un cuerpo normativo mínimo, ya que creemos que los individuos tienen que actuar correctamente por convencimiento, no porque se lo exija la ley. Construiremos una sociedad moral, no legalista.
- Pese a ello, deben existir límites y la capacidad ejecutiva de hacer cumplir las disposiciones del concejo. El poder judicial debe recaer en el pueblo soberano. Rechazamos las instituciones de las que se sirve el poder concentrado para reprimir las libertades, como la policía, los tribunales y el aparato penitenciario, demostradamente ineficaces a la hora de prevenir los delitos.
- También nos oponemos al ejército estatal, profesional y permanente. Rechazamos la práctica de cualquier guerra ofensiva o imperialista. Reivindicamos la autodefensa y la necesidad del pueblo en armas, organizado en milicias concejiles. Rechazamos el pacifismo, por irreal y porque delega en el Estado el monopolio de la violencia.
- Tenemos que abandonar el sistema capitalista y la mentalidad capitalista que hemos interiorizado. Defendemos una economía moral, familiar, local, autosuficiente y comunal.
- Rechazamos el trabajo asalariado por ser una forma de esclavitud. Defendemos el trabajo libre, en el que el individuo productor es propietario o copropietario de los medios de producción y partícipe de las decisiones que determinan la totalidad del proceso productivo.
- Defendemos el trabajo con nuestras propias manos. Todos los integrantes del cuerpo social tienen la obligación moral de realizar un trabajo productivo que les permita vivir del fruto de su propio esfuerzo y disponer del tiempo suficiente para la práctica de otras muchas otras actividades. No se trata de vivir para trabajar, sino de mejorarnos a nosotros mismos merced al trabajo creativo.
- Despreciamos la riqueza material porque genera explotación, despilfarra recursos naturales y absorbe energía vital. Además, el éxito económico no consigue llenar el vacío existencial de aquellos que carecen de objetivos superiores y metas trascendentes.
- Entendemos que el dinero es un mal. El objetivo de la vida no puede ser acumular o idolatrar el dinero, primera causa de insatisfacción personal en nuestra sociedad. Por encima del dinero, valoramos los bienes inmateriales.
- En todo caso, el valor de los bienes producidos y de los servicios intercambiados debe calcularse en función de la cantidad de horas de trabajo por persona empleadas en su producción, no a través de la especulación. El suelo edificable no puede tener coste y estará gestionado por la asamblea de vecinos para que cada familia pueda construir su propia casa con ayuda de familiares y vecinos.
- Defendemos la existencia de la pequeña propiedad privada familiar, nunca concentrada o excesiva. La libertad económica y personal requiere de la posesión de una casa, un huerto, objetos personales y algunos animales, bienes que tendremos la obligación de mantener en buen estado y legar a nuestros descendientes. Queremos volver a ser un árbol robusto sujeto a la tierra por nuestras raíces.
- Tenemos que recuperar los bienes comunales que las instituciones estatales y la oligarquía capitalista nos usurparon a través de las desamortizaciones. Los bienes recuperados por las comunidades populares quedarán a disposición del concejo, es decir, de la asamblea soberana de vecinas y vecinos.
- Nos proponemos recuperar el espíritu de comunalidad con la práctica de formas tradicionales de cooperación, servicio desinteresado, ayuda mutua, y cuidados horizontales que nos permitirán acabar con la dependencia del estado de bienestar y harán nuestra vida más humana.
- La destrucción del medio natural y las anomalías climáticas nos alertan que debemos vivir en armonía con la naturaleza, por lo que reduciremos el consumo de energía y de objetos superfluos, reforestaremos nuestra zona con especies autóctonas y aumentaremos porcentualmente el consumo de alimentos silvestres.
- La ciudad existe por necesidad de los poderes concentrados, para controlar mejor a la población y saciar las necesidades estratégicas de las instituciones de poder. La ciudad es insostenible a nivel ecológico y deficitaria a nivel demográfico. Debemos repoblar el territorio de manera proporcionada, volver al rural, practicar una economía local y un autogobierno descentralizado.
- La agro-ganadería industrial, así como el negocio turístico, deben desaparecer por los perjuicios humanos y medioambientales que generan. Tiene que ser cada comarca autosuficiente en materia de alimentación y producción artesanal e industrial, sector que también debe estar descentralizado. Nos proponemos recuperar los oficios y saberes tradicionales para no depender de la gran industria estatal-capitalista y elaborar productos funcionales y duraderos, dotados de belleza y calidad.
- La familia debe ser la unidad básica de convivencia, educación y producción económica. Defendemos la recuperación de la familia extensa regida por el amor en actos y el servicio desinteresado, no por el interés. Un colectivo en el que cada uno aporta lo que puede y recibe lo que necesita, modelo que debe inspirar al conjunto de la sociedad.
- Rechazamos el patriarcado, pero también el nuevo patriarcado feminista que elabora leyes para que el Estado tutele a las mujeres considerándoles menores de edad, débiles e irresponsables de sus actos, al tiempo que les separara y enfrenta con sus iguales, los hombres, mientras reduce su vida al trabajo asalariado, apartándoles de la maternidad. Mujeres y hombres participamos igualmente de la vida social, la producción económica, la toma de decisiones políticas y la creación de cultura, así que tenemos el mismo valor.
- Somos humanistas. No discriminamos a nadie por su sexo, raza, procedencia, creencias u orientación sexual.
- Todos los pueblos tienen derecho a su continuidad cultural y biológica, también los pueblos europeos, hoy en retroceso por la crisis demográfica y la substitución étnica. Rechazamos el fenómeno migratorio, no al migrante. Las migraciones masivas son una forma explícita de tráfico de seres humanos, personas reducidas a la condición de mano de obra barata puesta al servicio del capitalismo y los ejércitos estatales. Los seres humanos deben identificarse con su tierra y su cultura, usar su lengua materna y trabajar en común con parientes y vecinos.
- Valoramos nuestras lenguas y nuestra propia tradición cultural, tanto la cultura popular como lo mejor de la cultura escrita. Combatimos la aculturación llevada a cabo por los medios de comunicación de masas, el aparato educativo y la industria del ocio. Rechazamos la imposición del inglés.
- Todos somos y debemos ser creadores de cultura, no espectadores o consumidores de productos de evasión y adoctrinamiento. Queremos recuperar la poesía, el arte, el teatro y la arquitectura sin expertos, la música y la danza popular, la fiesta intergeneracional autogestionada.
- Aprendemos de nuestra historia, maestra de vida, y no nos odiamos por los errores cometidos por nuestros antepasados, sino que nos inspiran sus hazañas y nos advierten sus errores.
- La verdad es un valor fundamental y una necesidad espiritual. Reivindicamos la libertad de conciencia, la de pensar por nosotros mismos, hoy atacada por las mentiras del poder, es decir, la propaganda institucional y comercial, las religiones políticas y el adoctrinamiento.
- Somos responsables de nuestra educación y de la educación de nuestros hijos, por lo que nos oponemos al sistema educativo. Aprendemos junto a nuestros iguales, basándonos en el saber experiencial y al margen de abstracciones y teorías. Somos autodidactas y reivindicamos la lectura de los clásicos.
- También somos responsables de nuestra propia salud, así que no la delegamos en el sistema sanitario o en la industria farmacéutica. Debemos llevar una vida sana, activa, social y amorosa. El ejercicio de la medicina debe ser libre, no colegiado, pero también responsable y libremente escogido por los usuarios.
- Rechazamos las tecnologías de dominación, opresión y vigilancia. La tecnología humana es solo la que resulta útil, al tiempo que no comporta costes ocultos que superan los beneficios obtenidos; es aquella que se puede producir y controlar al margen de las instituciones estatales y de la empresa capitalista.
- Defendemos una espiritualidad basada en la mejora de la virtud personal, la práctica de los valores éticos, el cultivo de los bienes inmateriales y la trascendencia de nuestras obras. Rechazamos las religiones de Estado, castradoras de la libertad individual y la sexualidad, así como las religiones políticas que guían la vida de tantas personas en función de los intereses del poder.
- Reivindicamos la alegría, las ganas de vivir, la belleza, y el erotismo. El ser humano no es el problema. Volver a tener niños y educarlos como personas de virtud es, en cambio, la solución.
- Reformar el sistema de poder significa fortalecerlo o mantenerlo con vida. No queremos mejoras o soluciones parciales, solo estamos dispuestos a emprender una transformación radical, esa que hemos denominado revolución integral (RI).
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