Amor y naturaleza humana

Publicado el 1 de abril de 2025, 20:36

Por José María Peiró

[Tiempo estimado de lectura: 5 min.]

 

“Para el que mira sin ver, la tierra es tierra nomás.”

“No basta amar la tierra, hay que comprenderla.” Atahualpa Yupanqui

 

Los humanos tenemos capacidad potencial cuasi ilimitada de amor y de conocimiento. Ambas cualidades vitales, en cada individuo tienen, por así decirlo, una doble dirección: hacia adentro y hacia fuera. De ahí que el amor se expresa esencialmente como amor propio y como amor a los demás seres (amor a la Vida) y el conocimiento lo hace desde el propio autoconocimiento y el conocimiento de la totalidad, del Todo. La idea básica revo integral de la autoconstrucción del sujeto tiene mucho que ver con lo mostrado. No existen recetas universales para desarrollarnos plenamente como humanos. Cada sujeto, se autoconstruye como puede acorde con sus circunstancias y dones. Al mismo tiempo existen bloqueos y nocividades de diferente índole para alcanzar esta plenitud.

 

En nuestros días, en el culmen de esta civilización llegamos a un gran desarraigo de lo natural y lo sapiencial. La vida se desnaturaliza, se individualiza in extremis. Es la involución de los seres nada, esclavos de las fuerzas dominadoras, a merced de ellas, en determinado grado por su desamor y su desconocimiento, esto es, su inactividad e inhibición para amar y para conocer, para saber. Hay que desarrollar conciencia si se quieren superar aquellas mermas. Y es posible, cultivándonos en esas dos vertientes interrelacionadas. A mayor amor, conocimiento y conciencia, mayor responsabilidad en el uso de la libertad en el ser y en el estar en el mundo. La libertad, la justicia, la ética. La materia, la energía y la información, la trascendencia, la espiritualidad, el sentido de la Vida… Todo se interrelaciona y entreteje. El amor y el logos. La persistencia de la vida.

 

Desde este meollo nos enfocamos en la necesidad de arraigar y conectar con lo natural para continuar siendo auténticamente humanos en diferentes sentidos, incluyendo, naturalmente la continuidad de nuestra especie. De nuevo, amor y conocimiento nos guían, desde la propia esencia.

 

Un inciso a lo expuesto sobre el amor a la naturaleza o falta de él se observa a un nivel general (impresión personal y a veces compartida). Parece abundar un criterio desligado de la naturaleza en que nos gustaría ( o gustaría) que 'oliera a ciudad', a químicos desodorantes y cremas solares como el de la estela que marcadamente, como un rastro olfativo deja gente que te encuentras por la montaña o la playa, o que hubiera una ausencia de ramas y hojas caídas de los árboles, aportes de algas ‘ensuciando’...Y "nunca llueve a gusto de todos", recuerda el dicho. Frecuentemente se observa desagrado frente a la lluvia (aunque llueva con 'conocimiento' y en lugares necesitados de ello) y también frente a otros tantos fenómenos y manifestaciones de la naturaleza.

 

También existen manifestaciones idealizadas de la naturaleza.

 

Todo ello puede reflejar desconocimiento y desarraigo de lo natural.

 

Nuestra corporalidad con los sentidos y la respiración se necesitan para resonar con lo pulsante y viviente, y eso es algo inherente de lo vivo y por tanto de nuestra propia naturaleza.

 

Además estamos dotados de sentido estético y ético. Desde el amar y el conocer avanzamos vislumbrando una trascendencia que va más allá de las dominaciones e imposiciones ( bloqueos, constructos culturales y religiosos, statu quo, sistema, estado-capital, matrix) y de la temporalidad y finitud de nuestra parte física corpórea…

 

Recojo un fragmento que hace poco leí por medios sociales (que llaman redes) que voy a citar. Es de un autor norteamericano desconocido para mí pero que ilustra bien cómo el volcar toda la confianza en el conocimiento y en particular en la ciencia no nos soluciona la papeleta que enfrentamos o nos jugamos en estos tiempos acelerados, contrapuestos, necesarios y oportunos para una gran transformación humana: "Solía pensar que los principales problemas ambientales eran la pérdida de biodiversidad, el colapso de los ecosistemas y el cambio climático. Pensaba que treinta años de buena ciencia podrían resolver estos problemas, estaba equivocado. Los principales problemas ambientales son el egoísmo, la codicia y la apatía, y para hacer frente a estos, necesitamos una transformación cultural y espiritual". Janes Gustav Speth.

 

No me extiendo en el escrito, que aunque breve y hasta obvio su contenido, no deja de ser éste importante de asumir y practicar por el máximo de gente. Y dicho de esta forma y desde la revista Virtud y Revolución, medio de comunicación de "profundo alcance (que no mediático) a quien alcance", y segura y necesariamente de otras formas y por otros medios y por más gente se ayude en avanzar en lo crucial y mejor de nuestra naturaleza humana.

 

La vida es como una pregunta que se responde viviéndola con sentido.

 

¡Afinando la mente y el corazón!

 

José María Peiró

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Comentarios

Beatriz Ortega
hace 8 horas

Muy bueno el comentario. Cuanto más conocimiento y amor, más responsabilidad sobre la gestión de la libertad. Esa libertad que nos obliga a elegir, entre querer a la vida como es, o fracasar en el intento de que sea un ideal artificial.